Forma parte de la conciencia
colectiva de Motril la aseveración, no carente de veracidad, de que todos los
males que han aquejado y aquejan a la ciudad, provienen de la inquina y
dejación de nuestros vecinos de la capital provincial. Pero ese anquilosamiento
de nuestra ciudad no sólo es achacable a otros, sino que dentro de nuestra
forma de ser está, en gran parte, la razón de ser del atraso local.
En efecto, el motrileño ha sido, y sigue siendo, acomodaticio,
pusilánime en su actitud, ante la adaptación a los nuevos tiempos. Aquella frase
unamuniana del “que inventen ellos” le viene como anillo al dedo a la
idiosincrasia local. En el pasado, la pequeña y mediana burguesía agrícola, frente a planteamientos de modernización, de ampliación de campos de actuación, decía
aquello de “yo recogiendo mis papas, ya tengo bastante” o esperando la
liquidación de la temporada de cañas por la fábrica.
Desde la época industrial del XIX, y para el capital inversor
azucarero, Motril no era más que un campo de cultivo, un medio de producir
beneficios, ya que ese capital era externo a la ciudad, bien catalán o
madrileño, por lo que ni siquiera dejaron aquí beneficio patrimonial alguno, me
refiero a patrimonio urbanístico, y mucho menos reinversión en el lugar.
Si nos acercamos a la época del desarrollismo, Motril perdió
otro de los muchos trenes que ha dejado pasar. Salvo meritorias excepciones,
como la implantación de la fábrica de papel, impagable aportación del alcalde
Escribano, los motrileños, siempre de espaldas al mar, obviaron las inmensas
posibilidades de nuestra costa, el eterno diamante sin pulir.
Ya en los tiempos presentes, y en relación al comercio, se ha
tenido y se tiene una visión localista, casi papanatas, de la competencia y la
expansión. El comercio local pone el grito en el cielo ante el “peligro” de
ubicar en la ciudad algún gran centro comercial. Y ¿qué ha pasado? Pues que no
se pueden poner puertas al campo. Así que nos han dado sendas bofetadas en los
carrillos, a escasa media hora de Motril plantan un Ingenio en Torre del Mar y
una Nevada a las puertas de Granada que nos deja helados. Y ya aquella escapada
anual del día de los terremotos para comprar en las rebajas, se convierte en un
hábito casi semanal. Y aquí mirando a poniente.
Remedando de nuevo a Unamuno puedo decir que me duele Motril,
me duele su indolencia, su pasotismo, su falta de visión y su catetez vital.
Por eso no me vale que se achaquen a otros nuestros males, y no soy optimista
en esa sensación. Deseo equivocame.
Querido Pepe:
ResponderEliminarNo he podido aguantarme, al leer tu publicación. Creo que te has quedado corto en todos los sentidos y que Dios me perdone. Como Sanité, venido de la capital en el año 1975, convecino vuestro hasta el 2003 año este en el que me fuí a la Provincia de Málaga, por motivos laborales. Estoy en condiciones de corroborar todo esto que dices y elevarlo al cuadrado, porque lo he vivido en mis carnes y he sido parte de ello. Cuando llegué a "mi Motril", y lo digo con mucho orgullo, decían que Granada acababa en el Túnel de la Gorgoracha y desde allí empezaba MOTRIL y reconozco con el tiempo que es verdad, ni mejor ni peor, distinto.
Lo primero que comprobé, dada mi soledad de las primeras semanas, fué la diferencia del precio del cine, era como la cuarta parte mas barato que en Granada y aquello me gustó, pero las películas duraban en cartelera una semana ó mas y claro, cuando veias las dos películas de los dos cines, se acabó lo que se daba.
Como yo me vine muy joven, todo lo de Motril es lo que he vivido y era mi "modus vivendi", mi primer trabajo, mi primera novia formal, mi mujer motrileña por los cuatro costados, 4 hijos motrileños, nacidos y criados. etc. etc.
Solo me acordaba que era "Granaino", cuando me echaba a llorar al oír cantar " Granada tierra soñada por mí......".
Bueno a lo que voy, Cuando íbamos a Nerja deciamos, ah si Motril fuera de Malaga otro gallo nos cantaría.
Pues nó, me equivocaba y lo digo ahora que estoy en Málaga, aquí seria impensable que se fuera la Ford a Almusafes, imposible que llegue un crucero con unos cientos de personas con 100 ó 200 euros en el bolsillo para gastar y que todo esté cerrado por que es sábado por la tarde.
Y claro hay que estar en el Chalet del suegro comiendo el maravilloso arroz que hace la mamá política y los niños en la alberca, reconvertida en piscina con la ayuda de los cuñados y de uno mismo.
Y como ya dije en una entrevista a mi querido amigo FERMIN ANGUITA, ya pasó el tiempo de que te mancharas el bañador con el alquitrán de la arena de la playa, traído allí por los barcos o por la fábrica de aceite.
En Motril ó se apuesta por el Turismo o por la actividad pesquera, ó se compaginan ambas, sin que se perjudiquen una a las otra.
Pero sobre todo, se deben de tener ganas de progresar, de no quedarse estancado pensando que el chalé del suegro algún día será tuyo.
Todo esto que digo lo digo de corazón, podría darte miles de ejemplos, han sido casi 30 años allí y seguramente acabaré mis días junto a mi familia y a mis amigos osea en MOTRIL.
UN ABRAZO PEPE.